
El padre Jason Jorquera reflexiona sobre el mandato de Jesús a sus discípulos tras la resurrección, enfatizando la importancia de vivir el Evangelio antes de predicarlo. Se presentan tres escalones para una predicación efectiva: la auto-predicación, la predicación a la comunidad cercana y la expansión hacia el resto del mundo.
En el contexto de la resurrección de Jesucristo, el padre Jason Jorquera, monje misionero en Seforis, Tierra Santa, nos invita a reflexionar sobre el mensaje del Evangelio y la misión que se nos encomienda. En su homilía del 26 de abril, se centra en el relato del Evangelio según San Marcos, donde se narra la aparición de Jesús a María Magdalena y a sus discípulos, y el mandato que les da antes de ascender al cielo.
El Evangelio comienza con la resurrección de Jesús, quien se aparece primero a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. Ella, llena de alegría, corre a contarles a los discípulos, quienes, sumidos en la tristeza, no le creen. Posteriormente, Jesús se aparece a dos discípulos en el camino, pero ellos también enfrentan incredulidad al anunciar la buena nueva. Finalmente, Jesús se presenta a los once apóstoles, reprochándoles su falta de fe.
A pesar de la incredulidad de sus discípulos, Jesús les da un mandato claro: "Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura." Este mandato no solo es un reproche, sino también una confirmación de su misión. Antes de su ascensión, Jesús les encomienda la tarea de llevar su mensaje a todos, lo que conocemos como el envío misionero.
Para que el mensaje de Cristo penetre en las almas, es esencial que primero lo vivamos nosotros mismos. El padre Jorquera enfatiza que nadie puede dar lo que no tiene. Si no vivimos el Evangelio de manera auténtica, nuestra predicación carecerá de fuerza y atractivo. La verdadera virtud y el deseo de buscar la gloria de Dios son fundamentales para que el mensaje resuene en los demás.
El padre Jorquera propone tres escalones que deben seguirse para lograr una predicación efectiva:
La primera predicación es personal. Debemos permitir que la doctrina de Jesucristo nos transforme. Aceptar la enseñanza completa del Evangelio y ponerla en práctica es crucial. La parcialidad en la aceptación de la doctrina no produce frutos espirituales. La verdadera santificación comienza con la aceptación total de la enseñanza de Cristo.
El segundo escalón implica compartir el Evangelio con nuestra familia y comunidad. Aquellos que están más cerca de nosotros deben ser los primeros en ver el ejemplo de nuestra vida cristiana. Si descuidamos a nuestros seres queridos en nuestra misión, corremos el riesgo de ser ineficaces en nuestra predicación. La cercanía y el testimonio son esenciales para que el mensaje del Evangelio tenga un impacto real.
Finalmente, desde nuestra comunidad cercana, debemos extender el mensaje a un público más amplio. El Salmo 133 nos recuerda la importancia de la unidad entre hermanos, lo que es fundamental para la eficacia de nuestro anuncio. La verdadera virtud, arraigada en nuestros corazones, atraerá a otros y será el punto de partida para compartir el Evangelio con el mundo.
El padre Jorquera nos invita a pedir la gracia de María Santísima para estar siempre atentos a las enseñanzas de Jesucristo. Debemos dejarnos transformar por su Evangelio y convertirnos en apóstoles fieles, buscando la gloria de Dios y la salvación de las almas. La misión de predicar el Evangelio es un llamado a vivir con autenticidad y a ser testigos del amor de Dios en el mundo.
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