
Sor Ivón Emé de Malestroa recibió visiones de guerras futuras, incluyendo la Tercera Guerra Mundial, y la protección espiritual de Jesús. Su vida y profecías ofrecen una guía para enfrentar tiempos oscuros, destacando la devoción a Jesús, rey de amor, como un recurso esencial.
Sor Ivón Emé de Malestroa, una monja con visiones proféticas, recibió revelaciones sobre la Segunda y Tercera Guerra Mundial. En sus visiones, Jesús le mostró no solo la brutalidad de los conflictos venideros, sino también la protección espiritual necesaria para atravesar estos tiempos difíciles. Este artículo explora su vida, sus visiones y la devoción que se le entregó como herramienta de supervivencia.
Ivón Bobé nació el 16 de julio de 1901 en Bretaña, Francia. Desde pequeña, mostró un deseo profundo de ser santa. A los 9 años, tras su primera comunión, escribió un pacto de amor con Jesús, ofreciendo su voluntad para salvar almas. A los 21 años, se unió a las hermanas agustinas de la misericordia de Jesús en Malestroa, adoptando el nombre de Sor Ibonem de Jesús.
Sor Ivón no era una religiosa aislada; era una mujer con habilidades organizativas excepcionales y una vida de oración intensa. Su combinación de espiritualidad y eficacia le otorgó una autoridad especial, y sus amigos atestiguaron sanaciones y episodios de bilocación.
En 1922, mientras oraba, Ivón tuvo una visión impactante: una gran oscuridad cubría la tierra, y soldados con uniformes verdes, que no pertenecían a ningún ejército conocido, se movían en camiones. Aviones lanzaban cilindros que provocaban incendios en las ciudades. Un número, 39, se grabó en su mente.
Ese mismo año, Jesús se le apareció como un niño pequeño, coronado y con una rama de olivo, enseñándole una oración que sería una poderosa arma espiritual. Esta oración, "Oh Jesús, rey de amor, en ti confío", se convertiría en un recurso esencial para enfrentar los tiempos oscuros que se avecinaban.
En 1939, las visiones de Ivón comenzaron a cumplirse. Alemania adoptó el uniforme verde, y las ciudades ardían bajo los bombardeos. Durante la guerra, Ivón escondió judíos y soldados aliados, incluso disfrazando a paracaidistas de monjas para engañar a la Gestapo. Fue arrestada y torturada, pero su ángel la liberó, y más tarde fue condecorada con la Legión de Honor por sus actos heroicos.
Después de la guerra, un sacerdote preguntó a Ivón si Francia vencería al comunismo. Ella respondió que sí, pero que habría una gran tribulación primero. Describió una revolución en Francia, seguida de una Tercera Guerra Mundial y una invasión rusa acompañada por fuerzas islamistas. Ivón advirtió que esta ocupación sería peor que la nazi, aunque más breve, con atrocidades peores que las de la Segunda Guerra Mundial.
A pesar de las visiones sombrías, Ivón también vio esperanza. Se le anunció la llegada de un gran monarca cristiano, un líder que restauraría el reinado social de Cristo y traería un periodo de paz y orden a Europa. Este tiempo, aunque no definitivo, sería una oportunidad para reconstruir lo que la guerra había destruido.
La devoción a Jesús, rey de amor, fue la herramienta espiritual que se le entregó a Ivón para enfrentar los tiempos difíciles. Esta devoción se basa en la imagen de Jesús como un niño coronado, simbolizando paz y sanación. La oración que se le enseñó debía ser repetida en momentos de angustia, peligro o tentación. En 1932, el obispo de Laval aprobó oficialmente esta invocación, que fue recomendada por otros pastores.
Las visiones de Sor Ivón Emé de Malestroa sobre la Tercera Guerra Mundial y la devoción a Jesús, rey de amor, ofrecen una guía espiritual para enfrentar los desafíos del futuro. Su vida y enseñanzas nos recuerdan la importancia de la fe y la esperanza en tiempos de oscuridad. La advertencia de Jesús a Ivón no era solo para su tiempo, sino para el nuestro, instándonos a prepararnos espiritualmente para lo que está por venir.
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