
El Padre Javier Olivera Ravasi explica la importancia de la virtud de la obediencia en la vida cristiana, destacando que esta virtud depende de la justicia y debe ser ejercida hacia superiores legítimos. También aborda los límites de la obediencia, sus excesos y defectos, y cómo la obediencia a Dios debe prevalecer sobre la obediencia a los hombres, ejemplificado en la historia de San Pedro y los apóstoles.
El Padre Javier Olivera Ravasi nos invita a reflexionar sobre la virtud de la obediencia en la vida cristiana, un tema fundamental para entender cómo vivir conforme a la voluntad de Dios y en comunión con la Iglesia. En su mensaje, titulado "Que no te la cuenten", el Padre Javier aborda la obediencia desde una perspectiva bíblica, teológica y práctica, destacando su importancia, sus límites y cómo debe ejercerse correctamente.
Cuando Jesucristo ascendió a los cielos tras su muerte y resurrección, los apóstoles quedaron solos y comenzaron a predicar en el templo con valentía y franqueza, una virtud llamada parresía. A pesar de las amenazas y prohibiciones de los judíos, que les decían que no podían predicar sobre Jesús, los apóstoles superaron el miedo y continuaron su misión.
En el libro de los Hechos de los Apóstoles, se relata cómo San Pedro y San Juan predicaban en la puerta del templo de Salomón en Jerusalén. Cuando los judíos les ordenaron que no predicaran más sobre Jesús, San Pedro respondió con firmeza: "Hay que obedecer primero a Dios antes que a los hombres".
Este episodio es clave para entender que la obediencia en la vida cristiana tiene un límite fundamental: la obediencia a Dios debe prevalecer sobre cualquier mandato humano que contradiga la fe.
La obediencia es una virtud que depende de la justicia. Consiste en doblegar la voluntad propia ante el mandato de un superior legítimo, incluso cuando la orden no sea del todo agradable. Esta virtud es esencial porque la Iglesia no es anárquica, sino jerárquica, y la obediencia contribuye a la santidad y virtud de quien la practica.
Sin embargo, como todas las virtudes, la obediencia tiene límites, excesos y defectos. No se trata de obedecer ciegamente, sino de discernir cuándo y a quién se debe obedecer.
El Padre Javier explica que la obediencia tiene un límite claro: no se debe obedecer a quien no tiene autoridad legítima o cuando la orden es contraria a la ley de Dios. Obedecer en tales casos sería un defecto llamado obsecuencia, que implica obedecer por temor, hipocresía o para quedar bien, sin discernimiento.
Por otro lado, la falta de obediencia cuando se debe obedecer es un defecto que se llama desobediencia.
Este equilibrio es similar al que se encuentra en otras virtudes, como la humildad, que tampoco debe ser excesiva ni defectuosa. Santo Tomás de Aquino señala que la humildad nos hace vivir en la realidad, pero un exceso puede llevar a la soberbia y un defecto a la pusilanimidad, que es tener un alma pequeña y no estar plantado en la realidad.
La Iglesia es una institución jerárquica instituida por Dios y compuesta por todos los bautizados. Cada miembro está bajo cierta jerarquía y debe practicar la obediencia hacia sus superiores legítimos.
El Padre Javier recuerda que la vida cristiana no está exenta de persecuciones y dificultades. Jesús mismo advirtió que si a Él lo persiguieron, a sus seguidores también los perseguirán. La presencia de persecución puede ser un termómetro para saber si uno está viviendo auténticamente la fe.
Existe un dicho popular en la Iglesia: "El que obedece no se equivoca". Sin embargo, el Padre Javier matiza esta afirmación, señalando que no siempre es cierto. Si alguien obedece a un superior que ordena hacer el mal, como robar o asesinar, esa obediencia no es correcta.
Por eso, la obediencia debe estar siempre en consonancia con la justicia y la ley divina. La historia de San Pedro en los Hechos de los Apóstoles es un ejemplo claro: cuando se le prohibió predicar sobre Jesús, él respondió que hay que obedecer primero a Dios antes que a los hombres.
La virtud de la obediencia es fundamental en la vida cristiana, ya que permite vivir en justicia y en comunión con la Iglesia. Sin embargo, esta virtud debe ejercerse con discernimiento, reconociendo los límites que impone la ley divina y la legitimidad de la autoridad.
El Padre Javier Olivera Ravasi nos invita a ser valientes como los apóstoles, a superar el miedo y a obedecer a Dios por encima de todo, manteniendo una recta conciencia y un compromiso firme con la verdad y la justicia.
Que esta reflexión nos ayude a vivir una fe auténtica y coherente, guiados por la virtud de la obediencia y el amor a Dios.
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