
El Premio Nobel de Economía 2025 fue otorgado a Joel Mokir, Felipe Agion y Howwit por su investigación sobre el crecimiento económico moderno. Mokir explora las condiciones históricas y sociales que permitieron este crecimiento, mientras que Agion y Howwit modelizan su naturaleza disruptiva. Juntos, destacan la importancia de la interacción entre ciencia y tecnología, así como la necesidad de un entorno institucional que fomente la innovación y el progreso.
El Premio Nobel de Economía de 2025 ha sido otorgado a tres destacados investigadores: Joel Mokir, Felipe Agion y Howwit. Este galardón reconoce su trabajo en el campo del crecimiento económico moderno, un fenómeno que ha transformado la economía global en los últimos 200 años. En este artículo, exploraremos las ideas clave presentadas por estos economistas y su relevancia para entender el crecimiento económico actual.
El crecimiento económico moderno se caracteriza por ser continuado y acumulativo. A diferencia de épocas anteriores, donde el crecimiento era esporádico y a menudo seguido de estancamiento, en los últimos dos siglos, la humanidad ha experimentado un aumento constante en la prosperidad. Este crecimiento sostenido ha sido impulsado principalmente por el cambio tecnológico, que ha permitido la aplicación del conocimiento científico en la producción material, elevando así los estándares de vida.
Joel Mokir, un historiador económico, se centra en los orígenes de este crecimiento. Su investigación busca responder por qué el crecimiento económico moderno comenzó cuando lo hizo y no antes. Mokir argumenta que para que este crecimiento se produzca, es necesario un progreso técnico continuado, que debe surgir no solo de avances científicos, sino también de su aplicación práctica en la mejora de técnicas productivas.
Mokir destaca la importancia de la interacción entre el conocimiento proposicional (ciencia) y el conocimiento prescriptivo (tecnología). Esta sinergia es fundamental para el progreso técnico que sustenta el crecimiento económico. La ciencia debe traducirse en tecnología, y a su vez, la tecnología debe generar nuevas ideas que alimenten el conocimiento científico. Esta relación recíproca es clave para entender cómo se ha logrado un crecimiento económico sostenido.
Mokir identifica varias condiciones necesarias para que el crecimiento económico moderno emerja:
Mokir también señala que el progreso tecnológico puede generar ganadores y perdedores. Aquellos que se ven desplazados por nuevas tecnologías pueden formar coaliciones para frenar la innovación, lo que puede obstaculizar el crecimiento económico.
Felipe Agion y Howwit, en contraste con Mokir, son teóricos de la economía que modelizan el crecimiento económico moderno. Su enfoque parte de la observación de que el crecimiento económico, aunque parece ser acumulativo, en realidad es un proceso disruptivo.
Inspirados por la teoría de la destrucción creativa de Joseph Schumpeter, Agion y Howwit argumentan que el progreso tecnológico no solo crea nueva riqueza, sino que también destruye la existente. Cada año, un porcentaje significativo de empresas desaparece, mientras que nuevas empresas emergen, lo que genera un ciclo de creación y destrucción.
A pesar de esta volatilidad, el crecimiento económico puede ser sostenido y acumulativo. Esto se debe a que la innovación tiende a concentrarse en ciertos sectores, donde las nuevas empresas pueden desplazar a las antiguas, generando un valor neto positivo. Este proceso, aunque caótico, puede resultar en un crecimiento económico continuo si se mantiene un entorno institucional que fomente la innovación.
Agion y Howwit sugieren que es crucial evitar que los perdedores del progreso tecnológico se coaliguen para frenar la innovación. Proponen soluciones que van desde redes de seguridad estatal hasta la promoción de una sociedad civil activa que apoye la innovación y el cambio.
El Premio Nobel de Economía 2025 destaca la importancia de cuidar el crecimiento económico moderno, que es fundamental para la prosperidad de nuestra sociedad. Esto implica proteger la libertad científica, la libertad económica y la competencia, así como fomentar un entorno que permita la innovación. Si estos elementos se ven amenazados, también lo estará el crecimiento económico.
La investigación de Mokir, Agion y Howwit nos recuerda que el crecimiento económico no es solo un fenómeno económico, sino también un proceso social y político que requiere un marco institucional adecuado para prosperar. La innovación, como señala Matt Ridley, es la madre de la prosperidad y la hija de la libertad, y su preservación es esencial para el futuro de nuestras economías.
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